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Campañas / Campaña internacional en favor de la prohibición absoluta de …
 

Sandrine Salerno: La ciudad de Ginebra en la lucha por los derechos humanos y la erradicación de la tortura y los malos tratos

Sr. Presidente,
Señor Secretario General,
Estimado Sr. Kofi Annan
Señoras y señores:

Sean ustedes bienvenido(a)s al Palacio Eynard que es, como ustedes saben, la sede de nuestra Alcaldía; gracias por estar aquí para que Ginebra pueda rendir un merecido homenaje a la Organización Mundial Contra la Tortura.

Asimismo, queremos expresar a ustedes nuestro agradecimiento. Señoras y señores, lo que ustedes han construido para la defensa de los derechos humanos y más específicamente para la lucha contra la tortura, las ejecuciones sumarias, las desapariciones forzadas, y contra cualquier otro trato cruel, inhumano o degradante – porque es importante mencionar con exactitud el alcance de su acción – es único, si tenemos en cuenta su amplitud y su solidez.

En nombre de la ciudad de Ginebra, quiero entonces agradecer a ustedes solemnemente y felicitarlos, muy especialmente a usted, señor Secretario General que en este año toma su retiro, y que ha sido durante todo este período el alma y el piloto de la OMCT. ¡En Ginebra, por supuesto, pero también en todo el mundo!

Lo que ustedes han construido desde hace 25 años es históricamente de una gran importancia. Es posible que la modestia de su organización impida apreciar ese trabajo en toda su dimensión. ¡Por lo cual sin duda alguna es necesario volver rápidamente al pasado para comprender su alcance!

Hace veinticinco años, el mundo aún no había salido de la guerra fría; apenas estaba emprendiendo ese camino. La mundialización no existía. La sociedad civil transnacional tampoco.

Hace veinticinco años, el mundo estaba dividido en dos. El enfrentamiento entre las dos superpotencias se reducía, al Norte, a los combates de ideas y a la carrera armamentista; y la violencia armada estaba reservada para el Sur, donde los movimientos de liberación antiimperialistas se enfrentaban a dictaduras sangrientas.

Los derechos humanos eran violados masivamente casi en todas partes y no tenían – paradójicamente- la importancia central que tienen hoy.

En ese momento, en la justificación política como en la acción militar, el fin justificaba los medios con demasiada frecuencia. Y la tortura era uno de ellos, tolerado por los medios de comunicación y la opinión pública. Los derechos humanos todavía eran demasiado poco asimilados como derechos universales. Aunque la situación ha cambiado, la problemática aun sigue vigente.

Hace veinticinco años, nadie podía saber cuán pronto el mundo iba a cambiar, que cuatro años después caería el muro de Berlín, que al año siguiente se sellaría el fin de la URSS y que poco más de dos años después, del 14 al 25 de junio de 1993 se celebraría la Conferencia de Viena sobre los Derechos Humanos, que llegaría a constituir un hito determinante en la historia mundial en ese campo.

Al institucionalizarse en Ginebra, año tras año, en particular mediante el fortalecimiento del Alto Comisionado, de la Comisión y luego del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la cuestión de los derechos humanos llegó a ser parte integrante en la gobernanza global contemporánea. Esto es muy significativo, hay que admitirlo, pero no suficiente; ¡ustedes tienen razón al recordárnoslo!

Las personas de mi generación, que llegan hoy a dirigir las ciudades y los Estados, no vivieron directa y concretamente esas transformaciones históricas. Su conocimiento está mediatizado por los libros de historia y las teorías académicas. Ello constituye una ventaja pero también un inconveniente.

Es una ventaja si tenemos en cuenta que nuestras mentes están a salvo de escorias ideológicas del pasado; que no tenemos cuentas que rendir ni deudas a pagar. No tenemos la nostalgia de los combates y de las utopías de ayer. Miramos más al futuro que al pasado. En ese sentido, somos más libres que la generación precedente.

Pero también puede ser un inconveniente, si miramos con negligencia el pasado, si olvidamos las encarnizadas luchas que hubo que librar para que los derechos fueran reconocidos en los textos, para que fueran creadas nuevas instituciones y para que fueran instaurados mecanismos internacionales que pudieran garantizarlos.

Nuestra juventud podría convertirse en una desventaja si creyéramos ya adquiridos los derechos reconocidos hoy y no nos movilizáramos para salvaguardarlos y fortalecerlos.

¡Por eso es muy importante que estemos reunidos aquí esta noche! Para participar en ese balance y para señalar perspectivas. Para hacer un “alto en el camino" y adoptar una nueva "hoja de ruta".

Y es también por eso que rendimos hoy este homenaje: por la exactitud de su análisis, hace veinticinco años; por la determinación de su compromiso desde entonces, y por la lucidez que demuestran ahora al querer revitalizar su acción para la abolición de la tortura y otros tratos degradantes, al invitarnos a firmar esta nueva carta.

Ya era hora de actuar en 1985 ... es el momento de actuar ahora ...

Había que sentar las bases de un movimiento universal hace 25 años ... es el momento en 2010 para reconocer la evolución del mundo, los reveses en la lucha contra la tortura, en particular después del 11 de septiembre 2001 y la lucha contra el terrorismo, y renovar las acciones de manera estratégica para continuar nuestra lucha.

Digo "nuestra lucha", porque Ginebra ha estado siempre a su lado y tiene toda la voluntad de continuar.

Ginebra es, y quiere seguir siendo, la capital mundial de los derechos humanos. Como sede de las Naciones Unidas, la ciudad de Ginebra seguirá proporcionando – en colaboración con la Confederación Suiza y el Cantón de Ginebra – todos los medios necesarios para ofrecer las mejores condiciones marco para las organizaciones internacionales, gubernamentales y no gubernamentales, que actúen directa o indirectamente en el campo de los derechos humanos. Es nuestro deber y nuestro interés el querer contribuir de manera decisiva a la causa de los derechos humanos y permanecer a la altura de nuestra reputación internacional. En este comienzo del siglo XXI, más de la mitad de la población mundial vive en las ciudades. Éstas juegan, por ejemplo, un papel fundamental en la lucha contra el calentamiento global o los derechos de lo(a)s migrantes; las redes urbanas permiten, a nivel internacional, avances más pragmáticos que aquellos permitidos por las relaciones diplomáticas entre Estados.

Paralelamente al trabajo institucional, asumimos la misión de fortalecer la sociedad civil transnacional. Desde hace ya algunos años la ciudad de Ginebra eligió la opción de facilitar la labor y la visibilidad de organizaciones no gubernamentales que representan a las víctimas de los abusos contra los derechos humanos, las defensoras y defensores de los derechos humanos, y los periodistas, reporteros o cineastas que, arriesgando sus vidas, denuncian las violaciones. Es en este espíritu que hemos reforzado recientemente nuestra colaboración con la Fundación Martin Ennals, y que la ciudad de Ginebra se convierte a partir de ahora en co-organizadora, junto con dicha fundación, del Premio Martin Ennals para lo(a)s defensore(a)s de los derechos humanos.

Con ese mismo espíritu reforzaremos nuestra colaboración con el Festival Internacional de Cine por los derechos humanos. Y yo sé hasta qué punto la OMTC ha estado implicada en la creación y el apoyo, tanto del Premio Martin Ennals como del Festival.

Este año - como Alcaldesa - pondré un interés muy especial para fortalecer nuestros lazos con las organizaciones no gubernamentales más importantes en el campo de los derechos humanos, para facilitar su acogida en Ginebra y para proporcionar un marco agradable y operativo que les permita ejercer su misión de contrapoder en las mejores condiciones.

Porque mientras la sociedad civil transnacional sea más fuerte y organizada, más atentos estarán los Estados frente al respeto de los textos que han firmado, y mayores garantías tendrán lo(a)s ciudadano(a)s en torno a sus derechos. ¡La buena gobernanza global tiene ese precio! Los Estados tienen el deber de respetar la ley, pero siempre es necesario alguien se lo recuerde, denuncie los abusos y fortalezca los marcos legales.

Eso es lo que ustedes han hecho en forma admirable desde hace 25 años. ¡Y de la manera más completa!

En las premuras de la Convención contra la Tortura de 1984 (entrada en vigor en 1987) ustedes contribuyeron en forma decisiva al surgimiento de la sociedad civil internacional, creando en primer lugar la OMCT y luego la red SOS - Tortura, de la cual ustedes aseguran el Secretariado general en Ginebra, y que cuenta con cerca de 300 organizaciones miembros en todos los continentes.

Actualmente, ustedes desarrollan esa red a nivel regional, en Asia y en América Latina, lo que reforzará aún más su acción; luchan por su causa tanto mediante la denuncia como mediante el lento trabajo institucional, en los pasillos diplomáticos, para reforzar el sistema normativo: los principios universales, las convenciones internacionales y los mecanismos institucionales para hacerlos respetar.

Ustedes actúan de manera pragmática en el ámbito de la asistencia médica, social y jurídica de urgencia y piden al mismo tiempo que los responsables sean juzgados y condenados, y que las víctimas obtengan reparación.

Por supuesto, los(las) militantes de la lucha por los derechos humanos esperan más del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Por supuesto, seguimos consternados por la mala fe de numerosos Estados y gobiernos. Por supuesto, el examen periódico universal, que debería ser la piedra angular del nuevo sistema de la ONU, es una decepción.

¡Pero desde hace veinticinco años, no olvidemos, hemos alcanzado progresos importantes y decisivos! Y aunque soy muy consciente de los riesgos planteados por los contratiempos que enfrenta actualmente la prohibición de la tortura, les pido – solemnemente en nombre de la ciudad de Ginebra – que no se desanimen y que continúen su misión con la misma energía que han desplegado durante los últimos 25 años.

La ciudad de Ginebra, repito, estará a su lado.



Sandrine Salerno

Sandrine Salerno

El Manifiesto

El Manifiesto "Ninguna circunstancia permite tolerar la tortura" también fue firmado, por correo electrónico, por varios ganadores del Premio Nobel. Consulte el Manifiesto para ver los Premios Nobel. [...]
 

Discursos

Intervenciones hechas por los oradores durante la ceremonia del 23 de junio de 2010

  • Yves Berthelot
    Presidente de la OMCT
  • Sandrine Salerno
    Alcaldesa de la ciudad de Ginebra
  • Yves Flückiger
    Vicerrector de la Universidad de Ginebra
  • Eric Sottas
    Secretario General de la OMCT
  • Aminata Dieye
    Miembro del Consejo Ejecutivo de la OMCT
  • Kofi Annan
    Premio Nobel de la Paz

Firmas

Firmas en ésta fecha: 2361



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