El Salvador
13.04.26
Blog

“Es mi forma de vida y mi legado”: Entrevista con una defensora de derechos humanos salvadoreña en el exilio

Zaira Navas, defensora de derechos humanos de El Salvador

En los últimos años, el espacio cívico se ha reducido significativamente en El Salvador bajo un régimen de excepción, un estado de emergencia que ha suspendido varios derechos constitucionales. Las personas defensoras de derechos humanos han enfrentado crecientes amenazas y criminalización, lo que ha obligado a muchas al silencio o al exilio. Zaira Navas es abogada y defensora de derechos humanos en Cristosal, organización socia de la OMCT y de la Red SOS-Tortura. También es miembro del grupo de litigantes de América Latina de la OMCT, uno de los cuatro grupos regionales que reúnen a abogados y defensores que trabajan en la primera línea de la lucha contra la tortura y los malos tratos. El año pasado, Zaira Navas se vio obligada a huir de El Salvador tras la detención de su colega Ruth López, destacada activista salvadoreña. De paso por Ginebra para asistir al Consejo de Derechos Humanos, nos habla de su experiencia como mujer defensora en el exilio y de dónde sigue encontrando esperanza en su trabajo.

¿Cómo fue tomar la decisión de salir de El Salvador ?


Actualmente me encuentro en el exilio debido a la represión bajo el régimen de excepción en El Salvador impuesto por el presidente Nayib Bukele, que se intensificó en 2025. En mayo, mi colega Ruth López fue detenida bajo acusaciones absurdas de corrupción. Esa misma semana supe que yo también podía ser arrestada. Nuestra organización, Cristosal, nos pidió protegernos. No hubo tiempo para pensarlo. Salimos del país creyendo que regresaríamos en 15 días, pero ya llevo nueve meses fuera de El Salvador.

¿Cómo le ha afectado el exilio, como mujer y como defensora de derechos humanos?

Los primeros meses estuvieron llenos de incertidumbre. La violencia y la agresión contra las personas defensoras aumentaron, y nuestra organización se vio obligada a cerrar sus operaciones en el país. No había vuelta atrás.

Hubo un periodo en el que me sentí deprimida. No solo por estar lejos de mi país, sino porque pensé que no podría continuar con mi trabajo. Ahora estoy separada de mi familia, pero estoy trabajando, y eso es una fuente muy importante de ánimo.

En su experiencia, ¿cómo afecta la represión de manera diferente a las mujeres, especialmente cuando las obliga al exilio?

En El Salvador y en toda Centroamérica, las mujeres somos víctimas de violencia de género y estructural desde que nacemos. Cuando nos convertimos en defensoras de derechos humanos, estamos aún más expuestas.

Trabajando fuera del país, somos mucho más cuestionadas, incluso por haber dejado a nuestras familias. También se pone en duda nuestro profesionalismo y nuestro compromiso genuino con la defensa de los derechos humanos. Ser mujer defensora también implica enfrentar responsabilidades personales y familiares. Soy cuidadora de personas mayores en mi familia, lo que genera muchos conflictos internos que los hombres no enfrentan de la misma manera.

¿Qué está ocurriendo actualmente con la sociedad civil y las personas defensoras de derechos humanos en su país?

El espacio cívico está cada vez más restringido. Desde 2019, la sociedad civil ha sido acusada de alinearse políticamente y de defender a criminales. La persecución ha tomado muchas formas.

A nivel administrativo, se implementó una Ley de Agentes Extranjeros que impone un impuesto del 30% a los fondos internacionales, dificultando las operaciones y permitiendo al Estado controlar a las organizaciones, especialmente a aquellas que cuestionan el régimen de excepción. La criminalización de las personas defensoras también ha llevado a la autocensura, a una reducción de las denuncias públicas y a un giro hacia el trabajo humanitario.

¿Qué acciones debería tomar la comunidad internacional para garantizar un entorno seguro para la defensa de los derechos humanos en El Salvador?

La comunidad internacional debe monitorear de cerca las violaciones de derechos humanos en El Salvador y prestar mucha atención a lo que está ocurriendo en nuestro país, cuestionando los métodos antidemocráticos y las políticas internas.
La cooperación internacional nos permite seguir trabajando. Es importante que las organizaciones que apoyan a los grupos de derechos humanos busquen nuevas formas de cooperación para que el trabajo pueda continuar desde fuera del país.

A pesar de la presión, muchas personas defensoras continúan su labor desde el exilio. ¿Qué le da esperanza para seguir adelante?

Lo que da esperanza a las personas defensoras es ser la voz de quienes no pueden defender sus derechos dentro de El Salvador. Nuestra esperanza es seguir denunciando los abusos y generar al menos alguna influencia que pueda producir cambios en el país. Llevo 30 años siendo defensora de derechos humanos. No conozco otra forma de ver el mundo. Es mi forma de vida y mi legado.

Mi pueblo viene de una guerra y ha sufrido enormemente. Ahora tengo el deber de seguir trabajando contra el autoritarismo y la represión. Eso es lo que me da satisfacción. Mi pueblo me inspira.

Únete a nuestro movimiento global contra la tortura para ayudar a proteger a las personas defensoras de los derechos humanos en todo el mundo y permitir que los supervivientes se recuperen y obtengan justicia. Apoya a la OMCT y su Red SOS-Tortura: tu donación puede marcar una verdadera diferencia en la promoción de la dignidad humana.

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