Covid-19: Continuamos trabajando contra la tortura, + info en nuestras redes sociales

La tortura destruye las sociedades

La voz mundial para acabar con la tortura

Pandemia de COVID-19

© REUTERS/Luisa Gonzalez

La Organización Mundial Contra la Tortura trabaja con 200 organizaciones miembros para erradicar la tortura y los malos tratos, apoyar a las víctimas y proteger a las personas defensoras de derechos humanos en situación de riesgo, estén donde estén. Con nuestra presencia en más de 90 países, formamos el mayor grupo global de lucha activa contra la tortura. Trabajamos para proteger a las personas más vulnerables de nuestras sociedades, incluyendo a las mujeres, los niños y las niñas, los pueblos indígenas, las personas migrantes y otros grupos marginalizados. Para lograrlo, realizamos trabajo de incidencia con gobiernos para que se modifiquen o apliquen sus leyes y políticas, ayudamos a las víctimas a que se haga justicia y luchamos para que los responsables rindan cuentas. Porque la tortura nunca se puede tolerar y la dignidad humana no es negociable.

Our Network

Que hacemos

Trabajamos para erradicar la tortura, las ejecuciones extrajudiciales, las desapariciones forzadas y otras graves violaciones de derechos humanos. Proporcionamos asistencia médica, jurídica y social personalizadas a cientos de víctimas de tortura y trabajamos con abogados de todo el mundo para llevar a los responsables ante los tribunales. También somos unos de los principales grupos internacionales de apoyo para personas defensoras de derechos humanos que están en situación de riesgo a causa de su labor.

Que hacemos

Dónde trabajamos

A través de las 200 organizaciones miembros, estamos presentes en más de 90 países en África, Asia, Europa y Asia Central, Latinoamérica y Oriente Medio y Norte de África. Nuestro secretariado internacional se encuentra en Ginebra (Suiza) y disponemos también de oficinas en Bruselas y Túnez.

Tomar acción

In all regions of the world, women and girls are subjected to violence because of their gender. Despite the fact that different social, cultural and political contexts give rise to different forms of violence, its predominance and its models are remarkably constant.

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