Belarús
04.08.21

Nasta Loika: “Trabajar en futuro de Belarús me ayuda a afrontar el presente”

Actualización: Nasta Loika fue detenida en Minsk el 13 de agosto de 2021. Fue puesta en libertad tres días después, pero sigue acusada de cargos falsos.

La vocación por los derechos humanos de Nasta Loika empezó pronto. Esta abogada bielorrusa sólo tiene 30 años, pero ya lleva 13 trabajando con el grupo bielorruso líder en derechos humanos llamado Viasna ("Primavera"), donde fundó el servicio de voluntariado. Más recientemente contribuyó a la creación de Human Constanta, otro grupo de derechos que las autoridades cerraron el 23 de julio, como parte de una amplia ofensiva contra la sociedad civil. Es una de las relativamente pocas activistas de alto riesgo que se niegan obstinadamente a abandonar su país.

¿Qué es lo que más te llama la atención cuando analizas el último año?

Ha habido muchos acontecimientos negativos, pero también se han producido algunas nuevas tendencias que son impresionantes. En primer lugar, el hecho de que sectores enteros de la población se hayan posicionado. Por ejemplo, el colectivo LGBTI se unió a las marchas dominicales que comenzaron tras las elecciones amañadas del 9 de agosto. Se trata de un acto extremadamente valiente si tenemos en cuenta el contexto, claramente antigay. También me impresionó profundamente la participación de personas con discapacidad, pensionistas, estudiantes y, por supuesto, de las mujeres, hasta el punto de que lamenté no poder participar en las concentraciones, pero me parecía incompatible con mis actividades en materia de derechos humanos.

Un aspecto destacado es la relación entre la Iglesia católica bielorrusa y la comunidad LGBTI. En septiembre de 2020, el equipo de MAKEOUT, una revista sobre género y sexualidad, publicó una declaración en apoyo de la Iglesia católica, que estaba sufriendo acoso por parte de las autoridades. Y esto sucedió a pesar de que la Iglesia católica había estado recogiendo firmas para apoyar la legislación contra la "propaganda gay" a principios de año. Desde entonces, ambos grupos se han solidarizado mutuamente frente a la represión generalizada. Estos ejemplos son muy valiosos para mí. Es el futuro que me gustaría ver para Bielorrusia.

  • Hace un año, ¿qué deseabas para Belarús?

Ya en mayo de 2020 no me cabía la mínima duda de que habría protestas masivas que acabarían con violencia y torturas y que muchas personas acabarían siendo presos políticos. Pero pensaba que las protestas se acabarían en octubre. Me sorprende que todavía haya gente dispuesta a organizar concentraciones, a pegar papel blanco en sus ventanas o a utilizar otras formas de protesta, a pesar de las condenas de los tribunales a los bielorrusos por estas acciones.

  • ¿Cómo te ha afectado la represión personalmente?

Han detenido, torturado y procesado a amigos y conocidos y han registrado sus casas. Sin ir más lejos, el mes pasado las autoridades registraron nuestra organización, Human Constanta, y luego la liquidaron. Sigo participando en iniciativas de voluntariado para ayudar a las víctimas de la represión, pero este activismo requiere ahora muchas medidas de seguridad.

En comparación con otros, a mí sólo me ha afectado indirectamente. Sin embargo, toda esta situación me ha pasado factura a nivel psicológico. Desde el pasado otoño de 2020 he empezado a tener problemas de salud y he tenido que luchar contra una ansiedad aguda.

  • ¿Cómo ha evolucionado tu determinación para cambiar las cosas?

Siempre he trabajado por el cambio en la sociedad. La novedad es que ahora mis compañeros y yo estamos analizando cómo podrían ser las reformas una vez que se haya impuesto la democracia en Belarús, por ejemplo la reforma de las prisiones. Espero de corazón que la traumática experiencia carcelaria de miles de presos políticos conduzca a una sociedad más humana, más empática y dispuesta a rechazar el modelo de detención punitiva. Sé que esas reformas tardarían al menos 10 años, pero trabajar en el futuro me ayuda a afrontar el presente.

  • ¿Qué deseas para el futuro?

Me gustaría ver una sociedad que respete el Estado de Derecho, que proteja los derechos humanos y en la que el pueblo tenga voz y voto en la resolución de los asuntos públicos. Un Belarús en el que cada institución trabaje para el pueblo, en base a los principios de humanidad y responsabilidad. Me gustaría que mi país se convirtiera en un ejemplo para la transformación de toda la región, todo un modelo en derechos humanos.