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10.06.21
Declaraciones

Resiliencia en momentos difíciles

La tortura ha vuelto. No había desaparecido, pero la crisis global sin precedentes de 2020 ha vuelto a sacarla a la luz. Algunos Estados, desde México a Níger pasando por Kazajstán y la India, han usado la pandemia como excusa para acabar con las voces discrepantes, silenciar las críticas, atacar a los grupos marginalizados o afianzar su poder aplazando elecciones, entre otros. La brutalidad policial y militar, respaldada por el pretexto de hacer cumplir las normas sanitarias, ha alcanzado nuevas cotas: hombres, mujeres y menores humillados y golpeados, en ocasiones incluso asesinados, solamente por no estar en sus casas después del toque de queda.

Los centros penitenciarios se han convertido en la incubadora perfecta para el virus de la Covid-19, arrojando así una luz repentina sobre la crisis mundial de privación de libertad y sus habituales compañeros: la tortura y otros malos tratos.

Además de la pandemia, hemos sido testigos de cómo un Estado autoritario, Belarús, torturaba masivamente para acabar con las protestas pacíficas contra unas elecciones amañadas; y hemos visto a un estadounidense, George Floyd, torturado hasta morir por parte de un agente de policía a plena luz del día en las calles de un país democrático.

Escuchemos las explicaciones del profesor Nils Melzer, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la tortura, acerca de lo que esconden las crecientes cifras de violencia policial y lo que se puede hacer para revertir esta alarmante tendencia.

Adaptación y creatividad

Mientras las violaciones de derechos humanos aumentaban, quienes se encargan del trabajo de monitoreo e información se vieron paralizados por el bloqueo de los desplazamientos internacionales, los confinamientos nacionales y otras medidas sanitarias, tanto legítimas como oportunistas.

Sin embargo, estoy maravillada con todo lo que logramos el año pasado (y cuando digo “logramos”, me refiero a la OMCT y a los más de 200 miembros de la Red SOS-Tortura). Juntos hicimos trabajo de incidencia con autoridades penitenciarias y legisladores para reducir la peligrosa saturación de las cárceles y conseguimos que se pusiese en libertad a menores detenidos en Togo y en Filipinas; en la India y Perú, varias personas defensoras de derechos humanos detenidas arbitrariamente recuperaron su libertad gracias a las campañas internacionales conjuntas; en Túnez y en otros países, nuestro equipo encontró la forma para continuar ayudando a diario a las víctimas de tortura a pesar de no poder tener contacto físico.

Y todo gracias a la capacidad de adaptación, a la creatividad y a la resiliencia. Gracias al uso de la tecnología en la medida de lo posible, pero también gracias a las redes de solidaridad tradicionales que han continuado funcionando a pesar de las duras medidas. Mientras la pandemia continuaba avanzando, logramos documentar ejecuciones extrajudiciales de niñas y niños en Filipinas y que los medios de comunicación globales se hiciesen eco de ello. Cuando nos impidieron entrar en Belarús, el miembro ruso de la red llevó a cabo la investigación en el terreno sobre la brutalidad contra los manifestantes y la absoluta denegación de justicia. Este Informe Anual incluye muchos más ejemplos.

Sabemos que la pandemia ha desvelado grandes problemas que ya existían (económicos, sociales, políticos) y los ha agravado. Me resulta esperanzador saber que también ha desvelado la importancia de nuestro movimiento y nuestra capacidad para estar donde hacemos falta cuando hacemos falta, incluso durante una crisis sin precedentes.

Hina Jilani
Presidenta de la OMCT

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